Es un modelo que proporciona una estructura de control que especifica los elementos necesarios para construir y fortalecer el sistema de Control Interno en el INTEP con el fin de garantizar el cumplimiento de los objetivos institucionales.
La estructura que propone el MECI, busca una alineación a las buenas prácticas de control referenciadas desde el Modelo COSO, razón por la cual se fundamenta en cinco componentes:

El componente de ambiente de control le permite a la Institución disponer de las condiciones mínimas para el ejercicio del control interno. Esto se logra con el compromiso, liderazgo y los lineamientos de los Órganos de Gobierno, el Rector y del Comité Institucional de Control Interno.
Para generar un adecuado y efectivo ambiente de control, es indispensable que:
El componente de gestión de riesgos hace referencia al ejercicio efectuado bajo el liderazgo del Rector, el Comité Institucional de Control Interno, los directivos, los servidores y colaboradores de la Institución, que permite identificar, evaluar y gestionar eventos potenciales, tanto internos como externos, que puedan afectar el logro de los objetivos institucionales.
Para su efectivo desarrollo es necesario tener en cuenta que:
El componente de actividades de control hace referencia a la implementación de controles, esto es, de los mecanismos para dar tratamiento a los riesgos, así:
El componente de información y comunicación verifica que las políticas, directrices y mecanismos de consecución, captura, procesamiento y generación de datos dentro y en el entorno del INTEP, satisfagan la necesidad de divulgar los resultados, de mostrar mejoras en la gestión administrativa y procurar que la información y la comunicación y de cada proceso sea adecuada a las necesidades específicas de los grupos de valor y grupos de interés.
Las siguientes acciones contribuyen con un adecuado y efectivo componente de información y comunicación dentro del Sistema de Control Interno:
El componente de monitoreo o supervisión continúa, busca establecer este tipo de actividades o de evaluaciones periódicas (autoevaluación, auditorías), y su propósito es valorar: (i) La efectividad del control interno de la entidad pública; (ii) la eficiencia, eficacia y efectividad de los procesos; (iii) el nivel de ejecución de los planes, programas y proyectos; (iv) los resultados de la gestión, con el propósito de detectar desviaciones, establecer tendencias, y generar recomendaciones para orientar las acciones de mejoramiento de la entidad pública.
Las siguientes acciones permiten contar con un adecuado y efectivo componente de monitoreo y supervisión:




